Hacerse Big y los once años de evolución de Mireia Grimal al frente de Barcelona
Detrás de las grandes marcas y de los eventos que dejan huella, siempre hay personas con una trayectoria extraordinaria que sostienen esa evolución. En la oficina de BigBox en Barcelona, ese motor de constancia, rigor y pasión tiene nombre propio: Mireia Grimal. Tras once años en la agencia, Mireia ha sido testigo directo y pieza clave de una transformación profunda: el paso de una pequeña empresa de logística a una agencia creativa de referencia. Hoy conversamos con ella sobre el crecimiento de la organización, su propio aprendizaje y su particular forma de entender el liderazgo de equipos.
De la logística local a la estrategia creativa global
Pregunta. ¿Cómo se ha hecho big la agencia?
Respuesta. BigBox no tiene nada que ver con Box de Ideas cuando entré. Hemos pasado de ser una empresa pequeña, muy enfocada en la parte logística, pero con grandes sueños, a convertirnos en una agencia de verdad: creativa, estratégica y con una clara apuesta por la comunicación y el valor añadido en cada proyecto.
Lo bonito es que, a pesar de ese crecimiento, no hemos perdido nuestra esencia. Seguimos siendo cercanos, cuidando cada detalle con mimo y poniendo siempre al cliente en el centro, intentando entender no solo lo que necesita, sino también qué más podemos aportarle. Ahora somos “más big” en todo: en equipo, en estructura, en conocimiento, en disciplinas… y también en ambición. Hemos aprendido a pensar más en grande, a ser más valientes y a confiar en nuestros instintos.
Lo que más ha cambiado es la evolución que hemos vivido en los últimos años, especialmente en cómo entendemos nuestro trabajo y el valor que aportamos. Hemos crecido en servicios, capacidades y en la manera de contar lo que hacemos. Ya no somos solo ejecutores, sino que participamos desde la idea, desde la estrategia, desde el concepto.
También han evolucionado los proyectos. Hemos dejado de ser un partner principalmente logístico para convertirnos en un partner creativo y estratégico. Y lo más satisfactorio es ver que muchos de los clientes con los que empezamos han crecido con nosotros, han entendido ese cambio y siguen confiando en BigBox.
El crecimiento personal a través del rigor y la confianza
Pregunta. ¿Cómo te has hecho big tú?
Respuesta. Entré con 27 años, con poca experiencia, pero con una forma de ser muy marcada: perfeccionista, inconformista y sin aceptar un “no” sin más.
Sigo teniendo esa esencia, pero estos 11 años me han dado mucha más madurez, perspectiva y seguridad. He aprendido a gestionar la presión, a priorizar, a tomar decisiones con más criterio y a entender que no todo depende de una sola persona, sino del equipo. Soy más rigurosa y más exigente, empezando por mí misma. Me gusta que las cosas estén bien hechas y lo aplico en todo: en el equipo, en los números, en los procesos, en las propuestas y en la ejecución. Esa evolución también me ha llevado a querer ir siempre un paso más allá, no conformarme y buscar constantemente cómo mejorar.
Al llegar, me sorprendió (y me sigue sorprendiendo) la capacidad que tenemos de convertir ideas que nacen en una sala en proyectos reales, tangibles, impactantes y bien ejecutados. Muchas veces empiezas con algo muy conceptual y, gracias al trabajo del equipo, acaba siendo una experiencia que realmente deja huella. Esa transformación sigue pareciéndome increíble. Y todo esto es posible por el equipo que hay detrás. Antes y ahora. Hay talento, implicación y muchas ganas de hacerlo bien. Solo hay una forma de resumirlo: el equipo de BigBox es brutal, y es lo que marca la diferencia.
Liderar desde el servicio y el valor de las relaciones reales
Pregunta. ¿Cómo haces big a la gente?
Respuesta. La gente de BigBox es especial por las relaciones que se construyen. Aquí no solo trabajas con compañeros, construyes vínculos reales. Entrar en BigBox es formar parte de una familia, con todo lo que eso implica: hay buen rollo, apoyo, complicidad… pero también exigencia y responsabilidad. Se comparten los momentos buenos, que son muchos, pero también los menos buenos, y eso une mucho. Hay un nivel de implicación muy alto, un orgullo por el trabajo bien hecho y una forma de entender el equipo basada en el respeto y la admiración mutua.
Como directora de oficina, lidero el equipo de Barcelona. Para mí, liderar es estar 100% disponible para servir al equipo y acompañar el crecimiento de las personas y de los proyectos. No se trata solo de dirigir, sino de estar al lado del equipo, entender en qué punto está cada persona y ayudarle a desarrollarse.
Es dar espacio para que cada uno pueda aportar, tomar decisiones y equivocarse (sin que sea demasiado tarde), porque ahí es donde se aprende. Pero también es saber cuándo intervenir, guiar y marcar el camino para que el equipo no pierda el foco.
Liderar también implica dar contexto, herramientas y claridad, generar confianza y crear un entorno en el que la gente se sienta segura para dar lo mejor de sí misma. Y, sobre todo, es predicar con el ejemplo: ser coherente, exigente, y transmitir con hechos, no solo con palabras, cómo queremos hacer las cosas.
Once años creciendo junto a BigBox
La historia de Mireia refleja, en realidad, la evolución de BigBox durante la última década. Un crecimiento que no se explica solo por la incorporación de nuevos servicios o el desarrollo de proyectos cada vez más ambiciosos, sino por una forma de entender el trabajo basada en la confianza, el compromiso y la mejora continua.
Porque hacerse "big" no consiste únicamente en crecer en tamaño. Significa pensar de forma más estratégica, asumir nuevos retos sin perder la cercanía y seguir poniendo a las personas en el centro de cada experiencia. Y esa es precisamente la evolución que Mireia ha vivido en primera persona y que hoy transmite a su equipo cada día.
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